Siempre desde el mismo número

Suena y siempre es el mismo número. La misma llamada se repite una y otra vez, no recuerdo desde cuándo, pero creo que debería responder. Me siento mal no haciéndolo. ¿Quién se esconde ahí? Este teléfono móvil, el mío, parece fuera de control; las circunstancias no superan a ambos. El bombardeo de llamadas, siempre desde el mismo número. Finjo no darle importancia; ya se cansarán, claro, aunque quizá debería responder. Me siento mal no haciéndolo. Dicen que son de Unicef, sí, y que llaman para informarme. Y me invitan a colaborar. Otras veces se identifican como Médicos Sin Fronteras. Da igual. Otras veces llaman y cuelgan de inmediato. Si quieres colaborar también cuelgan. Todo da igual pero siempre todo desde el mismo número. Me han dejado un mensaje en el buzón de voz: «Buenos días, mi nombre es Andrea, le llamo de buenos días mi nombre es». Algo buscan aunque ignoramos con qué objetivo. Intento desenmascararles, sin esforzarme demasiado, y me contemplo atrapado en la cara interna del cilindro, un cilindro hueco y transparente, donde sólo permanecemos juntos mi Smartphone 4G y yo. Nada parece fuera de lugar. Cada vez que cuelgo el teléfono la roca vuelve al margen de la ladera; de nuevo la empujo hasta la cima, y de nuevo la roca se desliza hasta el mismo margen. Hoy llaman por algo referente a una encuesta sobre seguros privados. Siempre desde el mismo número. Perdón, llaman para recordarme que tengo un pago pendiente del mes de Octubre: tan siquiera estoy dado de alta pero llevan cuatro meses pasándome sus recibos. ¿Quién les ha proporcionado mis datos de domiciliación bancaria? ¡Se trata de una empresa de recobro! En realidad, se trata de Intermón, (Intermón Oxfam),  que necesitan mi ayuda para la construcción de unos pozos de agua. ¿Por qué debería creerles ahora? Mentira, en realidad, se trata de una empresa de recobros; mejor aún, se trata de una empresa que ofrece cursos de formación: cursos homologados por la Universidad Católica San Antonio de Murcia. Solicito información a este respecto, me interesan los cursos en general, aunque sigo esperando ese mail orientativo que prometieron enviarme. Llaman a la una menos cuarto de la madrugada, descuelgo y escucho los jadeos de una respiración que se entrecorta. Siempre desde el mismo número. He denunciado mi caso en el twitter de la Policía y espero que esta confusión tan humillante termine cuanto antes. Llaman y cuelgan, intermitentemente, cada veinte minutos. Motivos para sospechar: recibo un SMS, «Bienvenido a Unicef». Descuelgo el teléfono, (—quizá nunca lo haya llegado a colgar del todo—), y me responde una voz metálica e impersonal, la voz de Loquendo, una voz que habla en nombre del programa de televisión “Hay una cosa que te quiero decir”, una voz que me pregunta si durante mi infancia fui víctima de acoso escolar, o si he sufrido algún tipo de trastorno alimenticio, o si me gustaría conocer a Chenoa… Lanzo el teléfono contra la pared y me escondo debajo de la cama. Después me escondo junto al hueco de la lavadora. ¡Ojo! No quiero calificarlos como estafadores pero un número que se hace pasar por tantos otros me sugiere muy poca confianza. ¿Cuándo podemos considerar una llamada fraudulenta como fraudulenta? Otra vez Intermón Oxfam. El mismo teleoperador que ayer se presentaba hablándome sobre Greenpeace, hoy me exige una colaboración de cincuenta euros semestrales y me amenaza de muerte. Charla cordial, me gusta su estilo. Devolverles la llamada es inútil, comunican o no contestan. Definitivamente, se trata de una empresa de recobros. He contabilizado catorce llamadas perdidas, desde las ocho de la tarde hasta las nueve y media de la noche. Pregunto cómo han averiguado mi nombre, e indican que no pueden responderme a ese tipo de cuestiones. Por mi propia seguridad. Llaman y vuelven a colgar: siempre desde el mismo número.

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