(extraña sensación de euforia)

Pánico infuso. Pánico no adquirido. Tomar conciencia de quién es realmente uno mismo mientras deambula por los pasillos de Leroy Merlin: un lugar poco o nada adecuado para desarrollar este tipo de vislumbres. Escuchar mis propios latidos del corazón. Reconocer cómo mis pulmones trabajan constantes. Asistir perplejo al milagro de la vida deambulando, ya digo, por los pasillos de un Leroy Merlin. ¿Qué me ha traído hasta aquí? Quizá una maldición gitana. ¡Sí! ¡Soy víctima de una maldición gitana! O quizá un conjunto de decisiones equivocadas. ¿Soy víctima de un conjunto de decisiones equivocadas? Desde hace quince años sufro las consecuencias de un embrujo maldito que mis amigos se empeñan en llamar “conjunto de decisiones equivocadas”. Pero yo prefiero no escucharles, ni tampoco creerles. Elijo no admitir como veraz ni una sola de sus palabras. Ni un puto fonema. Ni a mis amigos, ni a mi familia, ni a la televisión. No me creo a nadie. La indiferencia moral de esta sociedad, tan desprovista de ética (y de principios), me ha colocado en la cúspide de mi propio cinismo. Aquí: deambulando por los pasillos de Leroy Merlin. Deambulando por los pasillos de un mundo apocalíptico, sin Dios, sin ley y sin sentido alguno, donde no cabe ningún tipo de esperanza. ¿Un hálito de esperanza? Las esperanzas parecen incompatibles con los accesorios de puertas y ventanas, con los enchufes e interruptores, con los suelos laminados, o con los botes de pintura aislante para devolverle la alegría a tus muebles de jardín. Añoro una ampolla de cianuro bajo la lengua, sí, aunque también reconozco el bricolaje doméstico como una oportunidad única; un plan B ante el inconveniente de haber nacido: comprar una lijadora eléctrica y solicitar la tarjeta club-descuento. ¡El bricolaje como expresión nihilista! Un antídoto perfecto contra este estado de hamletismo involuntario en el que me encuentro; llevo años ahogándome dentro del mismo charco. ¿Por qué arrastro los atributos de un genio cuando carezco del talento necesario para realizarme? Mucho neurótico diletante, aquí, recorriendo los pasillos de Leroy Merlin; mucho Job en busca de su lepra, aquí, merodeando por la sección de grifería y lavabos: grifos monomando, fabricados en metal cromado, con aireador y válvula de plástico, que aceptan cartucho anti-goteo (no incluido)… ¡Basta de excusas! ¡No tengo derecho! Estoy harto, muy cansado de este juego de apariencias, de errores, de pecados y remordimientos. No obstante, me tranquiliza el hecho de saber que en este mismo pasillo, rodeándome, hay muchas otras personas buscando, como yo, medidas desesperadas que apacigüen tanto dolor. Ojalá fuese como ellos.

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