Mayoría absoluta

La revolución no será definitiva pero sí televisada; al menos eso es lo que nos ha manifestado nuestro equipo de community managers. Definitiva NO, televisada SÍ. «Nuestra revolución será televisada o no será», este parece el titular más adecuado para mantener el apoyo de nuestros patrocinadores. Necesitamos que los sponsors se sientan cómodos invirtiendo su capital en nuestra revolución, por eso obedecemos sus órdenes e intentamos cumplir a la altura de sus expectativas. ¡Necesitamos aumentar nuestro número de clicks!, ¡y nuestro número de likes!, ¡y nuestro número de favs!… Apoyad la revolución en nuestras redes sociales y os beneficiaréis de increíbles ventajas; juntos lucharemos contra la dictadura de los mercados; pelearemos frente a la oligarquía mientras esperamos a que suba nuestro tráfico de visitas en la Red. Ya sabéis, gentes, donde quiera que os encontréis, reuniros aquí y admitid que los tiempos no están cambiando en absoluto. La rueda gira pero nada avanza. Si queréis sobrevivir a esta época, conviene que empecéis a buscar refugio en el canal de Youtube que mejor se adapte a vuestras demandas espirituales. Buscad Pan y buscad Circo; coged las migas del suelo, eso es todo lo que encontraréis, lo dicen nuestros patrocinadores y ellos no suelen equivocarse jamás. Aunque nuestro proyecto revolucionario se presenta todavía joven e inexperto, ya hemos comenzado a reciclar todos nuestros tabús, (–queremos convertirlos cuanto antes en una colección de dogmas prohibidos–), queremos trazar así nuestras propias líneas rojas que nadie debería atreverse a cruzar. Diferentes plataformas de streaming bajo demanda han presentado ofertas para retransmitir nuestro empoderamiento. Y esto nos llena de orgullo. ¡Somos mayoría absoluta en Netflix! ¡Y en Twitter! ¡Y en Pinterest también! Nuestra revolución comenzará y terminará ahí, en ese mismo lugar, imaginaos dónde, me refiero a la terraza del 100 Montaditos más cercano a vuestras casas; entre su supuesto principio y el presunto final tan sólo habrán transcurrido un par de semanas: catorce días es tiempo más que suficiente para llevar a cabo nuestros propósitos. Esta revolución, de índole testimonial y opinativo, maneja su propio discurso, sus propios códigos y sus propios hastags: más allá de lo inmediato, más allá de lo banal, se nos nublaría el horizonte. Mucha gente propondrá evasivas que alarguen nuestra revolución, otras dos semanas por aquí y otras cuatro más por allá… Sin embargo, creo que deberíamos evitar tal hipótesis: (los sponsors no parecen dispuestos y son ellos quienes han confiado en nosotros para marcar tendencia). Conservemos nuestra verosimilitud frente a la opinión pública; aumentemos la curva ascendente de nuestro volumen de negocio y ya encontraremos otro momento para organizar la siguiente revolución exprés. Me advierten que nada de lanzarles botellas a los antidisturbios ni prender fuego los contenedores de basura; volcar autobuses para hacer barricadas en mitad de la Gran Vía se ha convertido en una actividad anacrónica: el caos urbano pasa por pintar corazones de tiza en las paredes de las comisarías. Nuestra revolución propone otro tipo de activismo, (siempre y cuando sepáis adaptaros al siglo donde os ha tocado sonreír), sustituid los libros de Michel Foucalt por eslóganes de Mr. Wonderful y aprended a valorar el sabor de la comida puntuándola en una escala desde el uno hasta el diez. Gracias a Internet vosotros también aspiráis a formar parte de esta revolución, también podréis comportaros como auténticos agitadores sin necesidad de salir de vuestra habitación, sin quitaros el pijama, ni las legañas, ni las zapatillas de cuadros; La Résistance ya no se define como clandestina y eficaz sino como frívola y con afán de protagonismo. Gracias a Twitter, (gracias a sus hastags subversivos), peleamos contra la oligarquía mientras yo disfruto de mi serie favorita y vosotros merendáis un tazón de leche con choco-krispies. ¡Somos mayoría absoluta! Nuestras redes sociales están que arden aunque las calles sean un bálsamo de franquicias y familias de cretinos.  Igual que narcisos, contemplamos nuestro reflejo en el agua del lago, repitiendo hasta la saciedad los mismos discursos huecos. ¡Que el fanatismo convierta en trending topic nuestra propia paranoia es un ejercicio de democracia! Nuestras reivindicaciones virales han convertido la justicia social en puro spam y nuestras nuestras caras parecen mapas mudos donde las contradicciones no son bien recibidas; si nos preguntáis por Mijail Bakunin, os responderemos por Cholo Simeone; si alguno de vosotros menciona la discografía completa de Fugazi, nosotros arquearemos las cejas y procuraremos cambiar el tema de conversación; ya que no podemos cambiar la realidad, cambiemos al menos de tema de conversación. ¿Habéis escuchado ya el último disco de Leiva? Así será nuestra revolución, un proceso transformador donde sustituiremos pensamientos por lágrimas, y lágrimas por anuncios de telefonía móvil. No obstante, lo reconozco, admito que fue algo bastante violento encontrarme con mi monitor de spinning leyendo aquel manifiesto durante nuestra última manifestación anti-sistema.

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